Como podrás imaginar después de ver unas cuantas películas aterradoras, el género de terror no solo es sobre lo sobrenatural, lo macabro y lo demoníaco, sus creadores suelen usar todos esos elementos inquietantes para hablar también sobre temas sociales y culturales reales, como el racismo, la violencia doméstica o incluso la sexualidad, por medio de personajes e historias que se convierten en símbolos que deben ser entendidos dentro y fuera de su contexto (Us, de Jordan Peele, por ejemplo, no es solo una historia de realidades alternas y doppelgangers vengativos, sino que es una historia de privilegio y opresión).

Es el cine el que le ha dado a muchos grupos y comunidades la oportunidad de expresarse y de sentirse identificados y representados con algo o alguien, y las posesiones, el miedo o incluso las identidades secretas siempre son algo más que lo que se ve en la pantalla.

El terror se ha convertido en un aliado (aunque no siempre) de las historias LGBT y esto viene desde antes de la década de los 40, cuando Jacques Tourneur presentó Cat People, en 1942, como una obra sobre la identidad sexual y el miedo a expresarse libremente (y el rechazo a los roles sociales anticuados), y es gracias a esos primeros pioneros que hoy tenemos grandes películas que son icónicas y están llenas de temas queer.

Las películas de terror Queer que todos deben ver

Leviticus

Esta brutal película de terror (que llega a los cines el 18 de junio) sigue a Naim y Ryan, dos adolescentes que viven en una comunidad religiosa conservadora. Naim y Ryan forman un vínculo prohibido, se enamoran y comienzan una relación sexual, desatando la furia de su comunidad, que decide enviarlos a una peculiar terapia que debe “curar” sus deseos prohibidos. Pero, esa terapia termina liberando a una entidad oscura, que toma la forma de la persona que Naim y Ryan más desean (la forma del otro) y comienza a perseguirlos para destruirlos.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma

Ganadora de la Queer Palm en el Festival de Cine de Cannes, esta película tiene como protagonistas a Gillian Anderson y a Hannah Einbinder, quien interpreta a una directora de cine que quiere hacer una secuela de la película slasher que marcó su adolescencia, y para eso está empeñada a conseguir a la “final girl” perfecta, que es la misma actriz que apareció en la película original. Par su sorpresa, ella acepta, y eso las lleva a las dos a experimentar una situación cada vez más oscura y retorcida (y llena de tensión sexual).

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