En un mundo donde millones de personas aún enfrentan la incertidumbre de no saber si tendrán un plato de comida al final del día, que la República Dominicana haya sido reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) por alcanzar la meta de Hambre Cero representa un motivo legítimo de orgullo nacional.

Más allá de las diferencias políticas, este es un logro que pertenece al país. No es una victoria de un partido, de un gobierno o de una figura en particular; es el resultado de años de políticas públicas, del esfuerzo de productores agropecuarios, trabajadores del campo, instituciones, programas sociales y de miles de dominicanos que contribuyen diariamente a garantizar la seguridad alimentaria.

Sin embargo, celebrar este reconocimiento no significa ignorar la realidad. Todavía existen familias que enfrentan dificultades económicas, comunidades vulnerables y desafíos relacionados con la nutrición, el costo de los alimentos y las desigualdades sociales. Precisamente por eso, este reconocimiento debe verse como un punto de partida para profundizar las políticas que han dado resultados, y no como una meta definitiva.

La seguridad alimentaria es uno de los pilares del desarrollo. Un país que produce más alimentos, que fortalece su agricultura y protege a los sectores más vulnerables, también construye una economía más fuerte y una sociedad con mayores oportunidades.

En tiempos donde la polarización suele opacar cualquier avance, es importante reconocer aquello que beneficia a toda la nación. Los logros colectivos deben unirnos, no dividirnos. Cuando la comunidad internacional reconoce el trabajo de la República Dominicana, corresponde asumir ese reconocimiento con responsabilidad y con el compromiso de seguir mejorando.

El verdadero desafío comienza ahora: mantener este estándar, fortalecer la producción nacional, reducir aún más las desigualdades y garantizar que ningún dominicano quede atrás.

Porque el desarrollo de una nación no solo se mide por el crecimiento económico o las grandes obras de infraestructura. También se mide por la capacidad de asegurar que cada niño, cada familia y cada comunidad tenga acceso a una alimentación digna y a oportunidades para construir un mejor futuro.

Ese es el país que debemos seguir construyendo.

Editorial | InfoENN – El Nuevo Norte

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