Santo Domingo. Director de Sismología: Los temblores de tierras que se están sintiendo tienen relación con terremotos de Venezuela, afirmó el director del Centro Nacional de Sismología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Ramón Delanoy, al explicar que la actividad sísmica registrada en República Dominicana durante los últimos días guarda relación con los dos terremotos ocurridos en Venezuela el pasado 24 de junio.

El especialista indicó que el desplazamiento de la placa del Caribe provocado por esos eventos generó un período de inestabilidad que favorece la ocurrencia de movimientos sísmicos en distintos puntos de la región. No obstante, precisó que los temblores forman parte del comportamiento habitual de la zona, debido a que el borde de la placa caribeña registra actividad permanente, aunque muchos de esos eventos solo son detectados por los equipos de monitoreo y no son percibidos por la población.

Delanoy recordó que la isla La Hispaniola, al igual que otras islas del Caribe, posee un origen tectónico y volcánico, condición que históricamente la ha expuesto a terremotos y erupciones volcánicas. Como ejemplo mencionó el volcán de Montserrat, cuya actividad eruptiva comenzó en 1995 y continúa siendo una evidencia de esa dinámica geológica.

Durante una entrevista en el programa D’AGENDA, producido por Héctor Herrera Cabral y transmitido por Telesistema, canal 11, y TV Quisqueya para Estados Unidos, el catedrático reiteró que toda la región del Caribe presenta condiciones para la ocurrencia de movimientos telúricos.

El director del Centro Nacional de Sismología explicó que la liberación frecuente de energía mediante sismos de magnitud moderada contribuye a disminuir la acumulación de tensiones geológicas. En ese sentido, señaló que los movimientos inferiores a seis grados generalmente no ocasionan daños significativos, a diferencia de los terremotos que superan los siete grados de magnitud.

Añadió que los dos terremotos registrados en Venezuela fueron percibidos en territorio dominicano, lo que evidencia el movimiento de la placa del Caribe y la relación existente entre esos eventos y la actividad sísmica posterior observada en distintos puntos de la región.

Asimismo, explicó que, tras un terremoto de gran magnitud, es habitual que ocurran otros movimientos sísmicos asociados al reajuste entre las placas tectónicas, fenómeno que afecta diferentes sectores del Caribe.

Delanoy llamó a la población a mantener la calma y evitar alarmarse por los acontecimientos registrados en otros países. En cambio, recomendó informarse sobre los protocolos de actuación antes, durante y después de un terremoto, información disponible tanto en el Centro Nacional de Sismología como en el Centro de Operaciones de Emergencias (COE).

El especialista comparó la preparación ante terremotos con el entrenamiento permanente de los ejércitos, al señalar que la prevención debe realizarse aunque un evento de gran magnitud nunca llegue a ocurrir.

También rechazó las versiones que relacionan la ocurrencia de terremotos con las altas temperaturas, al recordar que algunos de los eventos sísmicos más importantes de la región se produjeron durante el invierno, como el terremoto que afectó a Haití en enero de 2010.

Cuatro grandes terremotos en menos de tres décadas

Ramón Delanoy sostuvo que la liberación de energía generada por los recientes terremotos en Venezuela no significa que otro país del Caribe quede libre del riesgo de experimentar un evento similar en los próximos años.

Como referencia, recordó el terremoto de magnitud 7.7 ocurrido entre Jamaica y Cuba en 2020, así como los registrados en Haití durante 2010 y 2021. Indicó que todos esos eventos corresponden al mismo sistema de fallas asociado a la placa del Caribe.

El experto señaló que, tomando en cuenta esos antecedentes, en menos de tres décadas el Caribe ha experimentado cuatro terremotos de gran magnitud, con pérdidas humanas y daños materiales de gran impacto.

Precisó que no existe un patrón que permita establecer intervalos fijos para la ocurrencia de grandes terremotos, por lo que resulta incorrecto afirmar que estos fenómenos se presentan cada 50 o 60 años.

«Nadie puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto de gran magnitud», reiteró el especialista, al explicar que la ciencia aún no dispone de métodos capaces de determinar con precisión el momento en que se producirá un evento sísmico.

En cuanto al sistema de monitoreo de la UASD, informó que el Centro Nacional de Sismología dispone de tecnología automatizada que permite localizar el epicentro de un terremoto e informar los resultados en menos de un minuto a los organismos de protección civil de los países del Caribe.

Explicó que esa información es enviada inmediatamente al Centro de Operaciones de Emergencias, institución responsable de emitir las alertas correspondientes a la población cuando las condiciones lo requieren.

Considera un mito que los animales anticipen los terremotos

Durante la entrevista, Delanoy también abordó la creencia de que algunos animales pueden detectar un terremoto antes de que ocurra y aseguró que esa afirmación no cuenta con evidencia científica suficiente para considerarse un mecanismo de predicción.

Explicó que, en algunos casos, antes de un sismo pueden producirse alteraciones locales del campo magnético o procesos de ionización del ambiente, pero señaló que esos cambios solo tendrían efecto en animales muy próximos al lugar donde se originará el fenómeno y sin margen suficiente para alertar a las personas.

Respecto a los perros, indicó que estos poseen la capacidad de percibir infrasonidos generados por las primeras ondas sísmicas, las cuales viajan con mayor rapidez que las ondas que producen el movimiento perceptible del terreno. Sin embargo, aclaró que eso ocurre cuando el terremoto ya ha comenzado y no antes de su ocurrencia.

«Los animales, al igual que las personas, perciben el sismo mientras está ocurriendo, no con anticipación», enfatizó.

Finalmente, al referirse a los daños estructurales ocasionados por los terremotos en Venezuela, sostuvo que cualquier país con condiciones similares de desarrollo podría registrar consecuencias comparables si fuera impactado por dos terremotos superiores a siete grados de magnitud en un corto intervalo de tiempo.

Añadió que el segundo terremoto, de mayor intensidad, fue el que produjo la mayor parte de las afectaciones al colapsar estructuras que ya habían sufrido daños durante el primer evento.

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