Por José Quiroz.-
Durante ocho años tuve la responsabilidad de administrar los cementerios del municipio San Felipe de Puerto Plata, una experiencia que me permitió conocer de cerca el dolor humano y acompañar a muchas familias en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas.
Los cementerios y las funerarias forman parte de la realidad de toda sociedad, y cumplen una función necesaria e importante. Sin embargo, también es cierto que para muchas personas estos espacios están asociados al duelo, al sufrimiento y a procesos emocionales profundamente sensibles.
Por esa razón, considero que la ubicación de este tipo de establecimientos debe ser cuidadosamente evaluada, tomando en cuenta el entorno, la naturaleza de la comunidad y el impacto social que pudiera generar entre los residentes.
La propuesta de instalar una funeraria del Grupo Blandino en la calle Horacio Julio Ornes Coiscou (26 de Agosto), en la urbanización Bayardo de Puerto Plata, ha despertado preocupación entre ciudadanos que entienden que se trata de una zona residencial y que este tipo de servicio podría no ser compatible con las características del sector.
Entre quienes han expresado inquietud se encuentra el doctor Francisco Bienvenido Matos Herrera, reconocido médico y dirigente comunitario que durante décadas ha dedicado su vida al servicio público, la medicina, la educación y las labores sociales en Puerto Plata.
Su trayectoria incluye aportes importantes desde el sector salud, la Junta Electoral, el movimiento leonístico, la masonería y múltiples iniciativas comunitarias en beneficio de la provincia.
Más allá de las personas involucradas, el debate de fondo debe centrarse en un principio fundamental: el derecho de las comunidades a ser escuchadas cuando entienden que un proyecto puede afectar la dinámica y la convivencia de su entorno.
Por ello, resulta legítimo que la Junta de Vecinos de Bayardo y los residentes del sector expresen sus opiniones y presenten sus observaciones ante las autoridades competentes, quienes tendrán la responsabilidad de evaluar los aspectos legales, urbanísticos y sociales del proyecto antes de tomar una decisión definitiva.
La participación ciudadana y el diálogo siempre serán las mejores herramientas para alcanzar consensos y proteger el interés colectivo.
Porque el desarrollo de una ciudad no solo debe medirse por las obras que se construyen, sino también por la capacidad de escuchar a quienes viven en ellas.








