Por: Mario García A.
El delivery, al que también podríamos llamar en algunos casos “kamikaze”, por la manera temeraria y peligrosa en que ciertos conductores manejan sus motocicletas, así como los motoristas —a quienes popularmente se les llega a llamar “muerto-ahorita”— y los denominados motoconchistas, forman parte de una realidad cotidiana que merece una atención urgente de las autoridades.
Cada día observamos motocicletas desplazándose a gran velocidad por calles y carreteras, realizando maniobras arriesgadas, cruzando entre vehículos, ignorando señales de tránsito y, en determinados casos, poniendo en peligro no solamente la vida de quienes las conducen, sino también la de peatones y demás usuarios de las vías.
La presión del tiempo sobre los delivery
El servicio de delivery funciona bajo una condición que influye directamente en esta problemática: el tiempo.
Colmados, restaurantes, farmacias, pizzerías y numerosos establecimientos comerciales prometen rapidez y eficiencia en la entrega de sus productos. En consecuencia, el conductor puede quedar sometido a una presión constante para completar la mayor cantidad de entregas en el menor tiempo posible.
Esa rapidez no puede convertirse en una justificación para violentar las normas de tránsito.
El delivery, el motorista y el motoconchista tienen exactamente la misma obligación que cualquier otro conductor de respetar semáforos, señales, límites de velocidad y demás disposiciones establecidas para garantizar la seguridad vial.
Ante esta situación, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), junto a las demás autoridades competentes, debe fortalecer las medidas dirigidas a proteger tanto a los motociclistas como a peatones, pasajeros y conductores de otros vehículos.
No se trata solamente de imponer sanciones. Es necesario establecer un sistema de responsabilidad que involucre también a las empresas, comercios, asociaciones y demás entidades que utilizan motociclistas para desarrollar sus actividades.
Cinco medidas que deberían considerarse
1. Seguro obligatorio de salud y protección contra accidentes.
Toda persona que utilice una motocicleta como instrumento habitual de trabajo debería disponer de una cobertura adecuada frente a accidentes, incluyendo protección para el conductor y, cuando corresponda, para el acompañante o pasajero.
Esta protección estaría destinada fundamentalmente a las personas y no a cubrir desperfectos o reparaciones de la motocicleta. Los daños ocasionados a terceros deberán manejarse conforme a las disposiciones legales correspondientes.
2. Responsabilidad de los negocios contratantes.
Cuando el motorista se encuentre prestando servicios para una empresa, comercio o entidad, esta debería asumir responsabilidades relacionadas con la protección del trabajador durante el ejercicio de sus funciones, especialmente en materia de cobertura frente a accidentes.
3. Responsabilidad empresarial frente a determinadas infracciones.
Debe evaluarse un mecanismo mediante el cual las empresas que contratan servicios de delivery también tengan responsabilidades cuando sus políticas de entrega, exigencias de tiempo o condiciones laborales incentiven conductas contrarias a las normas de tránsito.
No sería justo exigir entregas en tiempos prácticamente imposibles y posteriormente descargar toda la responsabilidad sobre el motorista.
4. Mayor participación de sindicatos y asociaciones.
Los sindicatos y asociaciones de motoristas y motoconchistas deben convertirse en aliados de la seguridad vial.
Estas organizaciones podrían desarrollar talleres permanentes sobre conducción responsable, respeto a las leyes, utilización del casco protector, comportamiento en las vías y consecuencias de las infracciones.
La organización gremial también implica asumir responsabilidades frente a la sociedad.
5. Impulsar cooperativas para los motoristas.
Las nuevas organizaciones creadas para agrupar motoristas podrían estructurarse bajo modelos cooperativos, donde sus integrantes sean asociados y tengan la posibilidad de desarrollar proyectos colectivos.
Estas cooperativas podrían impulsar tiendas de repuestos a precios especiales para sus miembros, servicios de salud, supermercados, programas de financiamiento y otras iniciativas destinadas a mejorar las condiciones económicas y sociales de los trabajadores del sector.
Todo esto podría desarrollarse bajo la supervisión y regulación del Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP), conforme al marco legal correspondiente.
No podemos seguir normalizando el peligro
La motocicleta se ha convertido en una herramienta indispensable de trabajo para miles de familias dominicanas. Los delivery, motoconchistas y demás motoristas forman parte importante de nuestra economía y de la movilidad cotidiana.
Precisamente por esa importancia debemos protegerlos.
Pero proteger al motorista también significa exigirle responsabilidad.
Las autoridades, los negocios, las asociaciones y los propios conductores tienen una cuota de responsabilidad. La rapidez de una entrega jamás puede valer más que una vida.
Necesitamos regulación, educación, protección social y consecuencias para quienes incumplan las normas.
Porque detrás de cada casco hay una persona, una familia y una vida que debe regresar a casa.
Por: Mario García A.








