Con el calor apretando y los termómetros marcando temperaturas de casi 40 °C, en muchos hogares dominicanos comienza el mismo ritual: se pasa el trapeador varias veces al día, se mojan los pisos, se limpian las ventanas, se abre alguna puerta para que “circule el aire” y el abanico permanece encendido durante horas.
Desde otra cultura, la pregunta sería: ¿realmente todas estas prácticas ayudan a refrescar la vivienda?
Aunque mojar determinadas superficies puede generar una sensación momentánea de frescura, la cantidad de agua no determina necesariamente qué tan fresca estará una casa y menos si su ubicación se encuentra en conexión directa con la luz del sol. En condiciones de elevada humedad, incluso puede ocurrir lo contrario: el ambiente puede sentirse más pesado y caluroso.
La sensación térmica dentro de una vivienda está relacionada no solo con la temperatura exterior, sino también con la humedad, la exposición directa al sol y la circulación del aire.
Para mantener una temperatura fresca dentro de la vivienda, una de las primeras medidas es controlar la entrada del calor durante las horas de mayor temperatura. Mantener cerradas las ventanas que reciben directamente los rayos del sol y utilizar cortinas, persianas u otros elementos para bloquear esa radiación puede ayudar a evitar que las habitaciones acumulen calor.
Abrir las ventanas tampoco siempre es la mejor opción durante el día; en ocasiones, si la luz del sol se encuentra dirigida a esta apertura, el calor puede percibirse más elevado. Si afuera el aire está más caliente que dentro de la vivienda, mantenerlas abiertas puede provocar que ese calor entre.
Por eso, las primeras horas de la mañana y la noche pueden aprovecharse para ventilar los espacios y favorecer la circulación del aire cuando las condiciones exteriores sean más frescas.
Algunos dominicanos optan por abrir las ventanas antes de las 7:00 de la mañana; según sus creencias, esto hará que el vapor provocado por la humedad salga antes de la salida del sol. Durante la tarde permanecen con la puerta abierta, pero esto solo después de las 3:00 de la tarde, evitando las horas de mayor exposición.
En República Dominicana es común recurrir al agua como una estrategia para combatir el calor. Trapear con frecuencia, mojar patios y otras superficies puede generar una sensación de frescura debido a la evaporación del agua.
Cuando el ambiente presenta altos niveles de humedad, el agua tarda más en evaporarse y puede aumentar la sensación de un viento cálido. Por ello, mantener los pisos húmedos de manera constante no sustituye otras medidas para controlar el calor.
El abanico también tiene su truco. El ventilador es uno de los aliados habituales de los hogares del país caribeño, pero su función principal no es bajar la temperatura de una habitación, sino favorecer el movimiento del aire y ayudar al cuerpo a disipar el calor.
Su ubicación puede hacer la diferencia. Durante las horas más frescas, puede utilizarse para favorecer la salida del aire caliente y permitir la entrada de aire exterior más fresco.
Mientras que durante las horas de mayor calor conviene evitar que el sol entre directamente y reducir, en la medida de lo posible, las fuentes de calor dentro de la vivienda.
El horno, la estufa, la secadora y otros electrodomésticos pueden contribuir a elevar la temperatura de los espacios, por lo que utilizarlos en horarios de menor calor puede ayudar a mantener un ambiente más confortable.








