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Ramón Orlando enaltece el merengue; une a grandes exponentes en celebración de 50 años

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El maestro Ramón Orlando no quiso celebrar sus 50 años de carrera artística en solitario, convirtió el Estadio Olímpico Félix Sánchez en un gran punto de encuentro del merengue dominicano, reuniendo la noche del miércoles a varias generaciones de intérpretes que han contribuido a construir la historia y la identidad del género.

El ganador del Gran Soberano en 1992 llevó lo mejor de su repertorio musical bajo la producción ejecutiva de EW Shows, presidida por Fernando Fernández, y la producción técnica de Evenworks, dirigida por Mario Fernández, empresas responsables del montaje, escenario, sonido, iluminación y demás elementos de infraestructura del espectáculo.

La celebración comenzó con un video introductorio que repasó momentos de la trayectoria de Ramón Orlando y sirvió como antesala para el recorrido musical que posteriormente tomó el escenario del denominado coloso deportivo. Desde las primeras notas de “Tu mujer” y “No hay nadie más”, el maestro asumió la tarima para repasar parte de una trayectoria que comenzó hace cinco décadas.

El concierto, que reunió a alrededor de 70 artistas, fue concebido como un recorrido por diferentes épocas de la música dominicana y, especialmente, por la historia del merengue.

El maestro estuvo acompañado inicialmente por su propia música antes de abrir paso a una sucesión de invitados que representaron distintas generaciones. Elvis Crespo apareció en escena para interpretar “Suavemente”, mientras Fénix Ortiz hizo lo propio con “Gotas de pena”.

La jornada continuó con Miguel Miguel, Ray Polanco, Carlos David y Aramis Camilo, quienes protagonizaron un popurrí que incluyó “Esa paloma”, “Ypacaraí”, “Dame tu querer”, “Susana” y “El motor”.

Uno de los segmentos que mejor resumió el espíritu de la celebración llegó con Eddy Herrera, Sergio Vargas y Fernando Villalona. Los tres exponentes enlazaron canciones como “Si tú piensas que no te amo”, “Ajena”, “Si algún día la ves”, “No eres una más”, “Sé que te perdí”, “Dominicano soy” y “Mi pueblo”, provocando que el público acompañara desde las gradas cada interpretación.

Juan Luis Guerra, uno de los momentos más esperados

La aparición de Juan Luis Guerra marcó uno de los momentos de mayor expectativa de la noche.

Ramón Orlando lo presentó con evidente admiración y lo definió como “el artista más grande de la República Dominicana”, antes de darle paso al escenario.

El líder de 4.40 interpretó “Las avispas” y “La bilirrubina”, dos canciones que hicieron que el público se pusiera de pie, cantara y bailara desde sus asientos.

La presencia de Guerra tuvo además un significado especial dentro de la celebración, pues ambos artistas pertenecen a una generación que contribuyó a proyectar la música dominicana más allá de las fronteras.

Para Ramón Orlando, el encuentro representaba además algo más amplio que una participación artística. El propio maestro había definido el concierto como un espacio de “unidad y hermandad” de la música dominicana.

La emoción de Ramón Orlando

Aunque el espectáculo estaba concebido para celebrar su carrera, hubo momentos en los que Ramón Orlando dejó ver la dimensión personal de lo que estaba ocurriendo sobre el escenario.

Visiblemente emocionado por la respuesta del público, el maestro agradeció a quienes acudieron al Estadio Olímpico y exclamó: “¡Qué grande es Dios, aleluya!”.

La emoción también estuvo presente mientras observaba desfilar por la tarima a artistas con los que ha compartido diferentes momentos de su vida profesional. Cada reencuentro parecía convertirse en una mirada hacia una etapa distinta de sus cinco décadas en la música.

Y es que la celebración no estuvo construida únicamente alrededor de sus canciones. Ramón Orlando quiso compartir el escenario con quienes, de una manera u otra, han formado parte de la historia musical que lo acompañó durante estos 50 años.

Un desfile de generaciones

Después de Juan Luis Guerra, el espectáculo continuó ampliando ese mapa musical.

Gaby Arias, Fénix Ortiz, Peter Cruz y Henry García participaron en otro popurrí, mientras Milly Quezada interpretó “Para darte mi vida” y “Solo contigo”, con la dirección musical de Henry Jiménez.

Miriam Cruz llevó al escenario “La loba” y “La carnada”, mientras Martha Candela interpretó “El candelero de fuego”.

Más adelante, Freddy Kenton, Conjunto Quisqueya y Richie Cepeda protagonizaron otro segmento con “Caña brava”, “Felicí­tame” y “El doctor”.

Ramón Orlando volvió a tomar el micrófono para interpretar “No voy a volver a llorar”, acompañado por Aljadaqui, antes de continuar con una sucesión de artistas que incluyó a Fénix Ortiz, Josie Esteban, Joseph Fonseca, Pablo Martínez, Carlos Alfredo, Monchy Capricho y Tulile, entre otros.

El desfile dejó sobre la tarima una muestra de las diferentes generaciones que han mantenido vigente el merengue y otros géneros de la música popular dominicana.

El momento más emotivo: recordar a los que ya no están

En medio de la celebración, Ramón Orlando abrió uno de los espacios más emotivos de la noche: un segmento in memoriam dedicado a exponentes que fallecieron y que dejaron una huella en la música dominicana.

La memoria de Diomedes Núñez, Raphy Matías, Félix Cumbé y Benny Sadel estuvo presente a través de las interpretaciones de Silvio Mora, Danny Matías, Javier Villamán y Rusbelt, respectivamente.

Silvio Mora recordó a Diomedes con “Esto se encendió”; Danny Matías hizo lo propio con Raphy Matías mediante “Quiero saber de ti”; Javier Villamán interpretó “El gatico” en memoria de Félix Cumbé, mientras Rusbelt llevó al escenario “Qué pasará”, como homenaje a Benny Sadel.

Pero el momento dedicado a Rubby Pérez tuvo una carga especialmente sensible.

La hija del fallecido merenguero, Zulinka Pérez, subió al escenario junto a su esposo, Miguel Báez, para cantar en memoria de quien fuera su padre y compañero de escenario. Ambos formaban parte de la agrupación de Rubby y se encontraban con él la noche del 8 de abril de 2025, cuando colapsó el techo de la discoteca Jet Set durante una presentación del merenguero.

Rubby Pérez perdió la vida en aquella tragedia, mientras Zulinka y Miguel Báez sobrevivieron. La presencia de ambos en el homenaje de Ramón Orlando convirtió el recuerdo en uno de los pasajes más personales de la noche.

El homenaje estuvo acompañado por imágenes de artistas fallecidos proyectadas en pantalla, mientras las voces de sus compañeros devolvían por unos minutos al escenario a figuras que forman parte de la memoria del merengue.

Más que una pausa dentro del espectáculo, el in memoriam convirtió el concierto en un ejercicio de memoria. La fiesta por los 50 años también permitió recordar que una parte importante de la historia del merengue fue escrita por artistas que ya no pueden volver a subir a una tarima.

El momento de tensión durante la entrada de Juan Luis Guerra

La noche tuvo también un momento inesperado cuando Juan Luis Guerra entraba al escenario.

Durante su aparición fueron activados efectos de serpentinas en el área próxima a la tarima. La fuerza del dispositivo generó una situación de tensión entre quienes se encontraban trabajando en la zona destinada a fotógrafos y periodistas.

Reportes posteriores señalaron que tres personas resultaron afectadas, entre ellas trabajadores de prensa que se encontraban próximos al escenario. Uno de los fotógrafos presentó hematomas y tuvo que recibir atención médica, mientras otros afectados pudieron retirarse por sus propios medios.

Tras el incidente, el acceso de periodistas y fotógrafos al área cercana a la tarima fue restringido, mientras el espectáculo continuó con normalidad.

El episodio contrastó con uno de los momentos más esperados del espectáculo, aunque Juan Luis Guerra completó su participación ante el público que llenó las diferentes áreas del Estadio Olímpico.

Un concierto pensado para el merengue

La magnitud de la producción respondió a la intención de convertir los 50 años de Ramón Orlando en una celebración colectiva.

La propuesta había sido anunciada como una producción de más de seis horas de música en vivo, con una puesta audiovisual diseñada especialmente para el Estadio Olímpico Félix Sánchez.

Pero más allá de la cantidad de artistas y de las dimensiones del montaje, la noche tuvo como denominador común el merengue.

Ramón Orlando logró reunir en una misma tarima a intérpretes que pertenecen a distintas épocas: desde figuras vinculadas a los primeros años de su carrera hasta artistas que llegaron después y que también encontraron en sus composiciones, arreglos y producciones una referencia.

Así, la celebración pasó de ser un aniversario personal a convertirse en una fotografía en movimiento de la música dominicana.

Cinco décadas convertidas en una celebración colectiva

La celebración también contó con la presencia de Frank Reyes, quien se sumó a la lista de figuras que acompañaron a Ramón Orlando en esta noche especial y que convirtió el Estadio Olímpico en un punto de encuentro de diferentes generaciones de la música dominicana.

Ya en la recta final, Ramón Orlando retomó el protagonismo para despedir la velada con varios de los temas que forman parte de su repertorio y de la historia que ha construido durante cinco décadas. El maestro volvió a colocarse frente al público para cerrar musicalmente una jornada marcada por los reencuentros, la nostalgia, los homenajes y la celebración de la música dominicana.

El último capítulo de la noche llegó con un espectáculo de fuegos artificiales, que iluminó el cielo sobre el Estadio Olímpico y puso punto final a la celebración de los 50 años de trayectoria de Ramón Orlando.

Entre aplausos y las luces que cerraron la jornada, el maestro culminó una noche en la que no solo celebró su propia historia, sino que reunió sobre una misma tarima a intérpretes de distintas generaciones y reservó un espacio para recordar a quienes ya no están.

Así, Ramón Orlando convirtió sus cinco décadas en la música en una celebración colectiva del merengue dominicano: una noche de grandes canciones, reencuentros, emociones y memoria, que terminó con el público mirando al cielo mientras los fuegos artificiales marcaban el cierre de una celebración concebida para quedar en la historia musical del país.