El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desplegó ayer, miércoles, la alfombra roja para recibir con todos los honores a su homólogo chino, Xi Jinping, en su primera visita de Estado a Washington en más de una década, con una inusual ceremonia de bienvenida a pie de avión.
La pomposa recepción, nada habitual en Estados Unidos, reflejó la importancia que la Casa Blanca concede a la visita del líder chino, con quien Trump apuesta por la sintonía personal para aliviar las tensiones entre las dos mayores potencias mundiales. Xi aterrizó a las 17:40 hora local (21:40 GMT) a bordo de un avión de Air China en la base militar de Andrews, a las afueras de Washington, y descendió de la aeronave junto a su esposa, Peng Liyuan, para encontrarse con Trump y la primera dama, Melania Trump.
El mandatario estadounidense recibió personalmente a su invitado al pie de la escalerilla, en un gesto poco habitual para un jefe de Estado extranjero, antes de que ambos escucharan los himnos nacionales y pasaran revista a una formación militar.
La ceremonia incluyó además el sobrevuelo de dos bombarderos B-1, cuyo ruido ensordecedor provocó una mueca de Trump mientras Xi permanecía impasible.
Con este despliegue, Trump quiso corresponder a los honores con los que Xi le agasajó durante su último encuentro, celebrado el pasado mayo en Pekín. La de esta semana es la primera visita de Estado de Xi a Washington desde 2015.








