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miércoles, junio 17, 2026
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Los jinetes del Apocalipsis que cabalgan en las vías de Santo Domingo

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Por: Troi Orlando Espejo|InfoENN – El Nuevo Norte

Conducir en Santo Domingo se ha convertido, para muchos ciudadanos, en un verdadero ejercicio de supervivencia. Más allá de los tapones, el desorden vial y el deterioro de algunas vías, los conductores enfrentan diariamente una serie de prácticas irregulares que operan con preocupante normalidad en calles, avenidas, semáforos y espacios públicos.

Son situaciones que se han vuelto parte del paisaje urbano, pero que afectan la seguridad, la tranquilidad y hasta la salud emocional de quienes transitan por la capital dominicana. Para muchos conductores, especialmente quienes se desplazan solos o con sus familias, el simple hecho de salir a la calle implica exponerse a riesgos que deberían estar bajo control de las autoridades.

Como si se tratara de jinetes modernos del caos vial, estas anomalías avanzan sin freno y reflejan la necesidad urgente de mayor orden, fiscalización y responsabilidad ciudadana.

1. Los motociclistas imprudentes

Uno de los mayores riesgos en las vías lo representan los motociclistas que circulan sin respetar carriles, semáforos, direcciones ni normas básicas de tránsito. Conducir en Santo Domingo obliga a mantener una vigilancia permanente en todos los ángulos, ante la posibilidad de que una motocicleta aparezca de manera repentina, en vía contraria o entre vehículos en movimiento.

El problema se agrava cuando, tras un roce o incidente, aun cuando la responsabilidad no recaiga sobre el conductor del vehículo, la situación puede derivar en discusiones, amenazas o reacciones colectivas que ponen en riesgo la integridad física de los ciudadanos.

2. Los limpiavidrios en los semáforos

En numerosas esquinas e intersecciones, los limpiavidrios se han convertido en una fuente constante de tensión para los conductores. Aunque algunos buscan ganarse la vida, otros imponen un servicio no solicitado y reaccionan de forma agresiva cuando el conductor se niega.

Insultos, golpes al cristal, presión sobre mujeres solas, familias o personas mayores, e incluso el lanzamiento de sustancias al vehículo, forman parte de las denuncias frecuentes de ciudadanos que se sienten intimidados en los semáforos.

3. Los parqueadores informales

Otra práctica normalizada es la ocupación del espacio público por parte de personas que se autoproclaman “parqueadores”. En calles que pertenecen a todos, muchos conductores se ven obligados a pagar cuotas arbitrarias para estacionarse.

El temor es conocido: si no se paga, el vehículo puede terminar rayado, con neumáticos afectados o con accesorios sustraídos. Esta dinámica se ha convertido en una forma de presión económica que ocurre, en muchos casos, ante la indiferencia de quienes deben garantizar el orden.

4. Los vendedores ambulantes en semáforos

El comercio informal en los semáforos también forma parte del desafío vial. Muchos vendedores trabajan de manera honrada, pero la saturación en intersecciones importantes provoca distracción, obstrucción del tránsito y situaciones de riesgo cuando se acercan demasiado a los vehículos o caminan entre carriles en movimiento.

La falta de organización convierte estas zonas en puntos de presión permanente para conductores y peatones.

5. Los obstáculos para reservar parqueos

La colocación de cubetas con cemento, tanques, cadenas, huacales, sillas y otros objetos para reservar parqueos o bloquear entradas se ha convertido en una práctica extendida en Santo Domingo y otros puntos del país.

Estos obstáculos reducen el espacio de circulación, provocan tapones, ocupan carriles y pueden causar accidentes, especialmente durante la noche o bajo lluvia, cuando muchos de esos objetos no tienen señalización ni elementos reflectores.

La Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial establece que la vía pública es de libre acceso. Ningún particular tiene autoridad para instalar obstáculos que impidan el tránsito o el estacionamiento sin autorización de las instituciones correspondientes.

El conductor privado en Santo Domingo navega entre el desorden, la presión económica y el riesgo físico. Estas situaciones no son hechos aislados, sino prácticas que se han normalizado con el paso del tiempo y que requieren una intervención firme, constante y coordinada.

Devolver el orden a las vías de la capital no solo es un asunto de tránsito. Es también una necesidad de seguridad ciudadana, convivencia, salud mental y respeto al espacio público.

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