Durante años, Santiago y Puerto Plata reclamaron la construcción de una vía rápida, moderna y segura que conectara ambas provincias y permitiera impulsar el turismo, el comercio y las inversiones en toda la región Norte.
Durante años escuchamos críticas porque la obra no llegaba. Se cuestionó al Gobierno, se afirmó que la Autovía del Ámbar era solo una promesa y se utilizó su ausencia como argumento político.
Hoy, cuando finalmente el proyecto avanza y comienza a convertirse en realidad, aparecen nuevas objeciones y nuevas campañas en su contra.
Por supuesto que toda obra de esta magnitud debe cumplir con las normas ambientales, respetar los estudios técnicos y garantizar la protección de los recursos naturales. Eso no está en discusión y debe ser una exigencia de todos los dominicanos.
Lo que sí debe llamar la atención es que algunos sectores que durante años exigieron la carretera ahora parecen oponerse a su construcción bajo argumentos distintos a los utilizados anteriormente.
La ciudadanía tiene derecho a preguntarse si ciertas posiciones responden exclusivamente a preocupaciones ambientales legítimas o si también existen intereses políticos y electorales detrás de parte de la oposición al proyecto.
Puerto Plata y Santiago no pueden continuar perdiendo oportunidades de desarrollo mientras otras regiones avanzan en infraestructura y competitividad.
La Autovía del Ámbar no es una obra para un partido político ni para un gobierno de turno. Es una obra para el Cibao, para el turismo, para los productores, para los transportistas, para los empresarios y para miles de familias que durante décadas han esperado una conexión más eficiente entre ambas provincias.
La crítica responsable siempre será bienvenida. Lo que no ayuda al país es la oposición sistemática a todo proyecto únicamente porque proviene del adversario político.
El desarrollo no debe tener color partidario.
Los ciudadanos sabrán valorar quiénes presentan propuestas, quiénes defienden los intereses de sus comunidades y quiénes prefieren convertir cada iniciativa nacional en un escenario de confrontación política.
La Autovía del Ámbar debe construirse con transparencia, respetando el medio ambiente y escuchando a las comunidades, pero también debe construirse pensando en el futuro de la región Norte y en las próximas generaciones.
Porque el progreso no puede seguir esperando.
Por: Junior Henríquez | InfoENN – El Nuevo Norte








