SANTO DOMINGO.-El «Pez diablo» sigue causando estragos en la región, un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan y el Museo Nacional de Historia Natural “Prof. Eugenio de Jesús Marcano” liderados por Patricia Torres-Pineda ha documentado su alarmante expansión en cuerpos de agua dominicanos, causando preocupación en autoridades y comunitarios.
El Amphilophus citrinellus (nombre científico) o plecos es una especie reportada oficialmente por primera vez por los investigadores Enmanuel Montero y José Infante en 2021 y su rápida expansión amenaza a otras endémicas del país en peligro de extensión.
El estudio revela que entre las nuevas localidades, donde ya se encuentran estos peces figura la laguna Bávaro, provincia La Altagracia, hábitat de la especie endémica Cyprinodon higuey, catalogada en Peligro Crítico de extinción en el listado de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Estos autores consideran indispensable conocer los hábitos alimentarios de A. citrinellus en el país, especialmente en la laguna Bávaro, debido a que es una especie omnívora, que se alimenta de un amplio rango de organismos, incluyendo peces de pequeño tamaño como C. higuey.
Ante la realidad, los investigadores solicitan a las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales una acción más eficaz para combatir la depredación causada por esta especie.
Datos ofrecidos detallan que el pez, es conocido por su capacidad para desplazar a las especies nativas y alterar los ecosistemas acuáticos, por lo que los comunitarios se encuentran alarmados ante la amenaza a la biodiversidad local.
Por ejemplo en el Río Camú existían varias especies endemicas que ya se extinguieron por estos peces y otros cuerpos de agua en La Vega están viendo cómo el Pez Diablo supera en número a las especies nativas tales como la «Tilapia del Niño» y la «Viejaca» local.
El «Pez Diablo», conocido por su resistencia y adaptabilidad, ha sido catalogado como una «especie exótica invasora introducida», en otros países como México ha causado la movilización de urgencia por su rápida expansión.
La nota científica que contiene este registro forma parte de los contenidos publicados en el número 28 de la revista Novitates Caribaea, correspondiente a julio de 2026.
Además de la alerta sobre la especie invasora, la edición incluye el primer catálogo nacional para la identificación por fotos del manatí del gran Caribe (Trichechus manatus manatus) en la República Dominicana el cual fue realizado mediante censos con drones como parte de un proyecto piloto liderado por la Fundación Dominicana de Estudios Marinos (FUNDEMAR).
¿Es peligroso para los humanos el «Pez diablo»?
No, el Amphilophus citrinellus (conocido como cíclido Midas o pez diablo rojo) no representa peligro alguno para los humanos, incluso se recomienda que se consuma en abundancia, porque es altamente invasora y destruye los ecosistemas acuáticos locales.
Su carne es comestible y segura tras una cocción adecuada y de sabor suave similar al de la tilapia. Su pesca y consumo se alientan localmente como método de control.
- Seguridad: No es venenoso; sin embargo, se debe verificar que provengan de cuerpos de agua limpios y libres de contaminación o metales pesados.
- Preparación: Requiere un correcto eviscerado, limpieza profunda y cocción total para eliminar cualquier parásito o bacteria.
- Sabor y textura: Su carne es blanca, firme y de perfil suave, por lo que se presta bien para sopas, frituras o asados.
¿Qué se hace para controlarlo?
El Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura (Codopesca) sostiene que una de las estrategias para manejar el pez diablo consiste en desarrollar alternativas para su aprovechamiento, junto con medidas de control poblacional y monitoreo. Según la entidad, la evidencia científica internacional ha demostrado que su erradicación es «prácticamente inviable».
Existe iniciativa que convierte estos peces en harina y abono orgánico. Fue ejecutada durante diez meses por la fundación italiana AVSI, con financiamiento y acompañamiento técnico de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA). También participaron el Ministerio de Medio Ambiente, pescadores, ganaderos, agricultores, escuelas y otras instituciones.
Durante sus jornadas, los pescadores separan las especies comercializables de los plecos, que depositan en sacos o cubetas. Luego, los hierven durante unos minutos para evitar que se desintegren y los colocan sobre plataformas, donde permanecen expuestos al sol durante unas 48 horas. En ese periodo deben voltearlos con regularidad para lograr un secado uniforme.








