Redacción.- El sismo de magnitud 4.8 registrado la madrugada de este lunes con epicentro a 10 kilómetros al sur del municipio de Sánchez, en la provincia Samaná, volvió a poner la atención sobre el nordeste de la República Dominicana, una de las regiones con mayor actividad sísmica del país debido a su compleja configuración tectónica.

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el movimiento ocurrió a la 1:01 de la madrugada (05:01 UTC) y tuvo una profundidad de 6.7 kilómetros, por lo que se considera un sismo superficial. El Instituto Sismológico Universitario (ISU) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) reportó una magnitud preliminar de 4.9. Hasta el momento, las autoridades no han informado víctimas ni daños materiales.

Más allá de la magnitud del evento, los especialistas señalan que el nordeste concentra varias estructuras geológicas activas que convierten a esta parte de la isla en una de las más propensas a experimentar movimientos telúricos.

La principal de ellas es la Falla Septentrional, un sistema de fallas de deslizamiento lateral que atraviesa el norte de La Española desde Monte Cristi hasta la península de Samaná y continúa hacia el océano Atlántico. Esta falla forma parte del límite entre las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica, las cuales se desplazan una respecto de la otra a una velocidad aproximada de dos centímetros por año. La acumulación y liberación de esfuerzos a lo largo de esta estructura genera terremotos de manera periódica.

A esta condición se suma la zona de subducción ubicada al norte de La Española, donde la placa de Norteamérica se introduce lentamente por debajo de la placa del Caribe. Este proceso no solo produce terremotos profundos e intermedios, sino que también ha sido responsable de algunos de los mayores sismos y tsunamis registrados históricamente en la región del Caribe.

En el nordeste también influyen otras estructuras tectónicas activas, como fallas secundarias asociadas a la Falla Septentrional y deformaciones presentes en la bahía de Samaná y áreas marinas cercanas. La interacción entre estos sistemas hace que la liberación de energía sísmica pueda ocurrir en distintos puntos y a diferentes profundidades.

Terremoto del 4 de agosto de 1946

La historia sísmica de la región confirma esta actividad. Uno de los eventos más importantes ocurrió el 4 de agosto de 1946, cuando un terremoto de magnitud estimada entre 8.0 y 8.1 sacudió la costa noreste de la isla, con epicentro frente a la provincia María Trinidad Sánchez. El sismo generó un tsunami que afectó comunidades costeras del nordeste, especialmente en Matancitas, y causó cientos de víctimas y graves daños materiales. Días después se registró una fuerte réplica, lo que evidenció la elevada capacidad sísmica de esta zona.

Desde entonces, la región ha experimentado numerosos terremotos de menor magnitud, muchos de ellos asociados a la actividad de la Falla Septentrional y de las estructuras tectónicas marinas cercanas. La mayoría no provoca daños significativos, pero refleja que el proceso de liberación de energía es constante.

Los expertos explican que la frecuencia de estos movimientos responde precisamente a la posición geográfica de la República Dominicana, situada en el límite entre dos placas tectónicas. La energía se acumula de forma continua debido al desplazamiento de ambas placas y, cuando supera la resistencia de las rocas, se libera en forma de terremotos.

De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), un sismo de magnitud moderada no implica por sí solo que vaya a producirse otro de mayor magnitud. Un evento puede ser un sismo aislado, una réplica o, en algunos casos, un pre-sismo, aunque esta última condición solo puede determinarse retrospectivamente si posteriormente ocurre un terremoto mayor.

La República Dominicana forma parte de una de las regiones con mayor actividad sísmica del Caribe debido a su ubicación en el límite entre las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica. Por esa razón, instituciones como el Instituto Sismológico Universitario (ISU) de la UASD y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) mantienen el monitoreo de la actividad sísmica y publican de manera continua los registros de los movimientos telúricos que se producen en el país y sus alrededores.

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