Santo Domingo.- La vida de "Carlos" (nombre ficticio para proteger su identidad), un joven que hoy tiene 18 años, cambió radicalmente el 1 de septiembre de 2019, poco antes de la pandemia, tras cometer un delito siendo menor de edad, al estar recluido en el Centro de Atención Integral para Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal (CAIPACLP), Hato Nuevo (Ciudad del Niño).
Hoy, a sólo un año de recuperar su libertad, relata cómo el internamiento, el apoyo incondicional de su madre y las oportunidades educativas transformaron su mentalidad por completo.
Carlos manifestó que cuando estaba a fuera, en la calle, nunca valoró ni pensó en su familia, que ahora sabe que lo quieren tanto, pero al caer dentro del referido centro (preso) es que se da cuenta de su amor.
“Literalmente me siento pésimo”, expresó Carlos tras decir que al ver que su familia le da un apoyo verdadero “me sientes el elegido”. En ese momento es que se da cuenta del amor que le tienen. “Es cuando uno recapacita y entiende que debe cambiar, hacer cosas positivas y comportarse mejor”, dijo, dejando entrever que todo lo que hace “lo hace pensando en mi mamá, porque ella es la que se mueve por mí hacia todos lados”.
Carlos comentó que terminó el bachillerato y que está en proceso de entrar a la universidad para estudiar Lenguas Moderna.
Además, ha realizado cursos técnicos impartidos en el recinto por profesores del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), como Barbería, Fabricación de Suape, Capacitación en Administración, Gestión y Dirección de Pequeñas y Medianas Empresas, Electricidad, Pintura, Velas e Inglés.
Dijo que cuando estaba afuera dejó los estudios cuando tenía 14 años de edad, y su familia le ofrecía seguir sus estudios y terminarlos, principalmente su abuelo.
“Mi abuelo siempre intentaba que yo fuera una persona de ejemplo en la adolescencia, entre los 14 y 16 años”, expresó tras manifestar que entre los 14 y 16 años uno toma un estilo de vida, y se deja llevar por las juntas de amigos, pero ahora ves “el coro” y piensas de otra manera.
“Yo caí aquí antes de cumplir los 16 años. Cuando a los 14 mi abuelo me decía que tenía que estudiar, yo pensaba que me estaba jodiendo, que me ponía demasiadas cargas y que estaba muy joven para eso”, dijo Carlos (nombre ficticio).
Al caer en un lugar como este, entiende que lo que su abuelo le decía era la realidad: “El tiempo te pasa factura y, si no has hecho nada con tu vida, no tienes con qué defenderte”.
Samuel, otro joven

Samuel (nombre ficticio utilizado para proteger su identidad e integridad) es el menor de cinco hermanos. Creció bajo el cuidado de su madre y su padrastro, en un hogar donde el afecto materno nunca faltó, pero con la notable ausencia de un padre biológico a quien jamás conoció debido a su fallecimiento antes de su nacimiento.
El 5 de junio de 2023, una circunstancia del momento marcada por un impulso de ira y acompañado por un amigo, llevó a Samuel a cometer un hecho delictivo que cambió el rumbo de su vida.
Hoy, tras cumplir gran parte de su condena y con su libertad fijada para el próximo 6 de diciembre, relata desde el centro de reclusión expresa su arrepentimiento y que la educación y los cursos técnicos han transformado su mentalidad.
La trayectoria que llevo aquí me ha enseñado mucho. También los consejos; afuera no escuchaba consejos de mi madre, tenía otra mentalidad debido a las juntas de amigos y el entorno complicado.
Sin embargo, dijo que desde que llego al centro ha realizado varios cursos como pintura, peluquería, plomería, electricidad, agricultura, entre otros.
Y ahora se prepara para tomar las pruebas nacionales. Está en el nivel equivalente a cuarto de bachillerato (sexto de secundaria) y piensa entrar a la universidad a estudiar Ingeniería.
Desde que entró al recinto ha logrado lo que nunca iba a lograr afuera, porque tiene otra mentalidad. “No, no habría logrado lo que logré ahora porque no tenía la mentalidad que tengo ahora. La trayectoria que llevo aquí me ha enseñado mucho”, expreso Samuel (nombre ficticio).
Ambos jóvenes coinciden que en el exterior no habrían logrado lo que han logrado en el Centro de Atención Integral para Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal porque no tenían la mentalidad actualmente.
Cuando reciben las visitas de sus familias en el recinto, se alegran, pero cuando se van “siente un dolor fuerte” y se deprime mucho, expresaron ambos adolescentes.





