En Froun, una localidad situada en el distrito de Nabatieh, en el sur del Líbano, las huellas de la guerra son visibles en prácticamente cada calle, donde se observan fachadas abiertas, viviendas derrumbadas, postes eléctricos dañados y calles semivacías, que comienzan a recibir poco a poco a algunos de sus vecinos.

El Ejército libanés consolidó este martes su despliegue en esta localidad y avanzó en Zawtar al Gharbiya, otra de las tres zonas incluidas en el acuerdo de repliegue entre Israel y el Líbano, mientras algunos habitantes se encontraron con sus hogares devastados por la guerra.

"Ahora mismo la situación del pueblo es desastrosa. Está completamente devastado. No tenemos electricidad, ni agua, ni nada. Prácticamente no hay condiciones para vivir", explica a EFE un vecino de 55 años y padre de seis hijos, mientras limpia los alrededores de la vivienda alcanzada durante los combates.

Su familia continúa instalada en la cercana localidad de Srifa, donde encontró refugio tras un desplazamiento inicial a Barja mientras él regresa cada día para intentar recuperar poco a poco lo que queda de su casa.

Pese a las dificultades, asegura que la presencia del Ejército ha cambiado el ambiente: "Poco a poco empezamos a sentir algo de tranquilidad", afirma, aunque rechaza que las tropas israelíes llegaran a ocupar el interior del pueblo. "Dicen que se retiraron de Froun, pero en realidad nunca estuvieron dentro del pueblo", sostiene.

Volver sin servicios

Los testimonios recogidos por EFE coinciden en una idea: la llegada del Ejército libanés transmite una mayor sensación de seguridad, aunque las condiciones de vida siguen siendo extremadamente precarias.

Una mujer de 80 años, que perdió a uno de sus ocho hijos durante el conflicto y cuya vivienda quedó completamente destruida, resume la situación con sencillez: "Necesitamos de todo: agua, comida, pan… nos hace falta todo", dice a EFE.

Tras pasar cuatro meses desplazada en Barja, regresó hace apenas unas semanas con la esperanza de que el alto el fuego pueda consolidarse.

A la entrada de Froun, los soldados de puesto militar controlan el acceso al pueblo y permiten el paso a los residentes, mientras restringen el acceso a las zonas más próximas a la línea de contacto.

"Han instalado un puesto del Ejército en la entrada del pueblo. Nos acercamos, los saludamos y nos dicen que podemos seguir. Todo es bastante normal", relata a EFE un joven mecánico de motocicletas de 21 años, que regresó hace doce días tras permanecer desplazado.

Calcula que alrededor del 70 % del pueblo sufrió daños y recuerda que, además de las viviendas, la infraestructura eléctrica y otros servicios básicos fueron alcanzados durante los bombardeos.

Aunque parte del suministro eléctrico ha sido restablecido, todavía hay barrios enteros sin luz y los vecinos deben desplazarse varios kilómetros para comprar alimentos básicos.

"Ya han abierto una carnicería y una cafetería, pero todavía no hay tiendas. Para comprar una barra de pan hay que recorrer unos tres kilómetros", explica.

Muchos de los vecinos mantienen un fuerte vínculo con el grupo chií libanés Hizbulá, al que atribuyen haber permitido su regreso a la zona, al tiempo que muestran escasa confianza en la capacidad del Estado para garantizar su seguridad.

Un acuerdo bajo presión

Mientras en Froun la vida trata de recomponerse entre los escombros, la tensión reapareció este martes en Zawtar al Gharbiya, otra de las tres primeras "zonas piloto" incluidas en el acuerdo impulsado por Washington.

El Ejército libanés denunció que las fuerzas israelíes abrieron fuego cerca de una de sus unidades mientras realizaba el despliegue coordinado con el Grupo de Coordinación Militar para el Líbano (MCG4L), mecanismo integrado por representantes militares libaneses, israelíes y estadounidenses encargado de supervisar la aplicación del acuerdo.

Israel confirmó posteriormente los disparos, aunque aseguró que se trató únicamente de "tiros de advertencia al aire" después de que militares libaneses, acompañados por un vehículo de ingenieros, penetraran unos 150 metros más allá de la zona de repliegue establecida.

El incidente coincidió con la visita del presidente libanésJoseph Aoun, a Washington para reunirse con el mandatario estadounidense, Donald Trump, principal impulsor del acuerdo firmado el pasado 26 de junio entre ambos países.

Trump defendió que el Ejército israelí continúa "reubicando" sus unidades dentro del proceso de retirada gradual y aseguró que el acuerdo avanza, aunque admitió haberse enterado del incidente poco antes de reunirse con Aoun.

El presidente estadounidense también afirmó estar dispuesto a dialogar con Hizbulá si así se lo solicita oficialmente el mandatario libanés.

Entre la reconstrucción y la espera

Mientras las negociaciones continúan a miles de kilómetros, los habitantes de Froun observan el futuro con una mezcla de esperanza y resignación.

Entre casas destruidasservicios inexistentes y la incertidumbre sobre la estabilidad del alto el fuego, el regreso del Ejército representa para muchos el primer paso hacia una normalidad que todavía parece lejana.

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