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miércoles, septiembre 9, 2026
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Opinión | Las necesidades de los pueblos 

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Por: Mario García.-

Soñaré que mi país se puede mejorar

¿Y los pobres?… ¿Y sus esperanzas?

Los pobres… pobres pobres. Una clase social que, con demasiada frecuencia, es utilizada para hacer más ricos a los ricos. Una clase que se convierte en estandarte durante las campañas políticas, donde abundan los discursos en defensa del pueblo, mientras millones depositan su confianza en la promesa de que algún día sus problemas y necesidades serán resueltos.

Son también quienes aportan, desde su escasez, recursos materiales a través del diezmo y otras contribuciones. Pero, además, ofrecen un capital mucho más valioso e intangible: su fe, su esperanza y su confianza. En nombre de ellos se solicitan ayudas, prebendas y donaciones para instituciones de distintos credos religiosos, donde el pobre entrega lo poco que tiene y, sobre todo, lo que nunca pierde: la esperanza.

El pobre deposita sus esperanzas en el político de su preferencia, convencido de que este encontrará soluciones para mejorar su calidad de vida.

El pobre deposita sus esperanzas en la institución religiosa a la que pertenece, esperando recibir apoyo espiritual y, cuando sea posible, ayuda para enfrentar sus dificultades.

El pobre también deposita sus esperanzas en quienes poseen mayores recursos, creyendo que la solidaridad podrá aliviar parte de sus necesidades.

Pero, con frecuencia, llega la desilusión. El desencanto.

Los políticos continúan buscando el respaldo del pobre en cada campaña electoral. Muchos ricos siguen acumulando mayores riquezas mientras la desigualdad persiste. Y numerosas instituciones, aunque realizan una importante labor social, no siempre logran responder a las enormes necesidades de quienes más lo necesitan.

Entonces surge nuevamente la pregunta:

¿Y los pobres?… ¿Y sus esperanzas?

Las sociedades no pueden construirse sobre promesas eternas ni sobre la resignación de quienes menos tienen. El verdadero desarrollo solo será posible cuando las políticas públicas, el sector privado, las organizaciones sociales y la ciudadanía asuman un compromiso real con la dignidad humana, creando oportunidades que permitan a cada persona salir adelante con su propio esfuerzo.

Porque un pueblo que pierde la esperanza comienza a perder también su futuro. Y ningún país puede aspirar al progreso mientras quienes más necesitan apoyo siguen esperando respuestas que nunca llegan.

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