Por: Junior R. Henríquez C. 

En 1984, investigadores de un centro de mamíferos marinos en San Diego empezaron a escuchar sonidos que parecían voces humanas a lo lejos. Un buzo salió del agua y preguntó quién le había indicado que regresara. Nadie lo había llamado: los científicos sospecharon que los sonidos provenían de NOC, una beluga macho que vivía en el recinto.

Años después, investigadores analizaron las grabaciones y publicaron el estudio en Current Biology, en 2012. Concluyeron que NOC imitaba espontáneamente rasgos de la voz humana, como el tono y el ritmo. Sus sonidos eran más graves que los habituales de una beluga y se acercaban al rango de frecuencias del habla.

Para producirlos, NOC modificaba la forma en que generaba sus vocalizaciones nasales y aumentaba la presión del aire en unas cavidades. Los investigadores describieron un mecanismo inusual, pero el estudio no demuestra que la beluga estuviera hablando palabras ni permite confirmar por qué hacía esos sonidos.

Según los relatos sobre el caso, NOC produjo vocalizaciones parecidas al habla durante unos cuatro años y dejó de hacerlo al alcanzar la madurez sexual. Murió en 1999. Su voz quedó registrada, aunque imitar sonidos humanos no significa que hablara un idioma o que los científicos hayan podido descifrar una intención detrás de sus vocalizaciones.