Conocemos a la actriz Léa Drucker gracias a películas que nos llevan desde Custodia compartida, de Xavier Legrand a El último verano, de Catherine Breillat, pasando por la reciente Caso 137, de Dóminik Moll, por la que ganó su segundo Cesar de la Academia de Cine francés.

Ahora ha estrenado en nuestro país La vida de una mujer, de Charline Bourgeois-Tacquet, que estuvo presente en la competición del pasado Festival de Cannes, junto a La bola negra de Los Javis.

En ella interpreta a una mujer con carácter, una cirujana jefa del área hospitalaria que decidió no tener hijos y que mantiene una relación estable con un hombre, aunque prefiere vivir en una casa de forma independiente.

Sin embargo, no es ajena a los cuidados. Tiene que hacerse cargo de su madre, que sufre Alzheimer y, de alguna manera, también está pendiente de aquellos que tiene a su alrededor. Eso sí, tiene un vínculo obsesivo con su trabajo, ha consagrado su vida a él y para ella lo es todo.

En consonancia, buena parte de la película se ubica en el hospital en el que ejerce su profesión e incluso asistimos a algunas de las operaciones que realiza en el quirófano.

“Estuve con una profesional siguiéndola durante días, observándola y pude recoger todos esos detalles de la atmósfera que se respira para hacer algo un poco personal”, cuenta la actriz a Infobae. “Obviamente, lo que más me impresionó fue entrar en una operación real, tenía mucho miedo, era como entrar en un mundo diferente, en una nave espacial, pero el equipo médico me hizo sentir muy a gusto”.

A Léa Drucker lo que más le gustó del guion fue que describía a su personaje como una mujer compleja, con un montón de cualidades, pero también de defectos. En ese sentido, durante la película, se le critica constantemente que priorizara su vida profesional a haber tenido hijos, un cuestionamiento que no suele hacerse a los hombres.

“Yo me planteo siempre esa pregunta. A los hombres no se les juzga porque trabajen mucho y no estén en casa, porque se supone que tienen muchas responsabilidades fuera, pero a las mujeres sí. Hay un montón de mujeres que están enamoradas de su profesión y creo que esta película habla de eso, de la libertad para elegir. La libertad que tiene esta mujer tanto en su vida íntima como de existir plenamente a través de su profesión y no tener que responder a esas limitaciones que nos imponen de ”tienes que quedarte en casa, tienes que tener hijos». Me parece interesante contarlo desde el punto de vista de una mujer que estápor encima de los cincuenta, porque a partir de esa edad decimos, “ah, bueno, pues ya está terminando todo”, pero no, en absoluto». Este es el retrato de una mujer que abre una puerta hacia la vida. Hay un montón de puertas que quedan por abrir», cuenta Léa Drucker.

La intérprete piensa que es algo muy ligado al modelo de educación que hemos recibido. “No me parece justo que se tenga que justificar a las mujeres a las que les encanta su trabajo y que se dedican totalmente a ello. El hecho de que una mujer no haya tenido deseo maternal de tener hijos, no le impide cuidar a otros y ser una mujer amorosa y dedicada a muchas cosas. Y eso es lo que me parece que permite a nuestras sociedades ‘fragilizar’ el acceso a la igualdad”. Fuente: Infobae