La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) presentó una propuesta para exigir que los fabricantes notifiquen y documenten la seguridad de cualquier sustancia que deseen incorporar al sistema alimentario, un cambio frente a décadas de autoevaluación empresarial.
La propuesta respondió a una demanda sostenida por organizaciones de defensa del consumidor y expertos en nutrición.
Hasta hoy, las empresas podían introducir ingredientes bajo la etiqueta “generalmente reconocido como seguro” (GRAS) sin obligación de informar ni presentar pruebas a la FDA, lo que permitió la entrada de cientos de productos químicos sin revisión independiente.
Con el nuevo esquema, las compañías deberían detallar los fundamentos científicos de su decisión e informar a la agencia antes de lanzar cualquier nuevo aditivo.
Este cambio surgió tras diversos incidentes, como el caso de la harina de tara utilizada en un crumble de puerros y lentejas, que llevó a la hospitalización de más de un centenar de personas.
La experiencia reforzó el reclamo de actualizar un sistema vigente desde 1958, cuando la FDA permitió que ingredientes de uso generalizado, como especias o vinagre, quedaran fuera de revisión formal.
Desde entonces, la industria amplió esa excepción hasta abarcar numerosos aditivos sintéticos y naturales, muchos de ellos presentes en alimentos ultraprocesados que hoy dominan la dieta estadounidense.








