Los terremotos de Venezuela y Colombia han provocado miles de fallecimientos y pérdidas multimillonarias en 2026. El nuevo movimiento de Panamá, registrado este viernes, vuelve a poner a prueba los sistemas de prevención de una región expuesta a una intensa actividad sísmica.

El terremoto que sacudió Panamá este viernes 9 de octubre se suma a un año especialmente devastador para varias regiones de América Latina. Desde los edificios destruidos en Venezuela hasta los miles de hogares afectados en Colombia, los grandes movimientos sísmicos de 2026 han dejado al descubierto las diferencias entre los países para resistir las sacudidas de la tierra y responder a sus consecuencias.

El balance más grave corresponde a Venezuela, donde dos terremotos ocurridos el 24 de junio provocaron al menos 5,398 muertos, mientras que Colombia contabilizaba 331 fallecidos tras el movimiento del 10 de agosto, según los balances oficiales más recientes localizados para ambos desastres.

Las consecuencias económicas también son considerables. El Banco Mundial estimó en 19,600 millones de dólares los daños físicos directos de los terremotos venezolanos, mientras que una evaluación realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y las autoridades colombianas calculó pérdidas estructurales por 13,200 millones de dólares.

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Reporte de grandes terremotos en lo que va de año. (ELABORACIÓN PROPIA)

Panamá: un nuevo terremoto y una evaluación de daños en desarrollo

El movimiento más reciente se produjo este viernes en Panamá, donde el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá reportó una magnitud revisada de 7.2, con epicentro a 39 kilómetros al noroeste de Tonosí, en la provincia de Los Santos, y una profundidad de cuatro kilómetros.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró inicialmente una magnitud de 8.0, que posteriormente revisó a 7.6 en sus primeras actualizaciones.

El terremoto fue sentido en Ciudad de Panamá, donde numerosos residentes abandonaron edificios y oficinas. También se registraron réplicas, entre ellas una de magnitud aproximada de 6.0.

La agencia Associated Press informó sobre daños en provincias centrales, como Veraguas, Herrera y Los Santos, aunque todavía no había un balance completo de las estructuras afectadas. Por su parte, el medio panameño Telemetro señaló que los reportes iniciales sobre posibles derrumbes continuaban pendientes de confirmación oficial.

Las autoridades también recibieron advertencias preliminares sobre posibles olas de tsunami en distintas costas del Pacífico. No obstante, esas evaluaciones estaban sujetas a revisión conforme se actualizaban los parámetros del terremoto.

Hasta las primeras horas de la tarde no se había confirmado un balance oficial de fallecidos o heridos relacionado con este evento.

El movimiento ocurre casi dos meses después de que Panamá percibiera los efectos del devastador terremoto de Colombia, lo que había obligado a activar protocolos preventivos en distintas provincias.

Venezuela: dos terremotos y más de 5,300 muertos

El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el centro-norte de Venezuela, provocando una de las mayores tragedias sísmicas de la historia reciente del país.

Las sacudidas afectaron zonas densamente pobladas, entre ellas Caracas y La Guaira, donde edificios residenciales, infraestructuras y servicios esenciales sufrieron graves daños.

El 23 de julio, el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Jorge Rodríguez, informó que la cifra de muertos había ascendido a 5,398, mientras que los heridos se mantenían en 16,740.

Las autoridades también señalaron que unas 17,907 personas habían perdido sus viviendas, aunque los balances oficiales presentaron variaciones durante las semanas posteriores al desastre.

La agencia EFE documentó la actualización de víctimas, mientras que Reuters informó sobre una evaluación del Banco Mundial que estimó en 19,600 millones de dólares los daños físicos directos.

Según esa evaluación, el 47 % de las pérdidas correspondía a edificaciones residenciales. La reconstrucción, incluyendo mejoras estructurales y retiro de escombros, podría requerir inversiones considerablemente superiores al valor de los daños iniciales.

La tragedia golpeó a un país que ya enfrentaba dificultades económicas, deterioro de infraestructuras y limitaciones para financiar una recuperación prolongada.

Colombia: 331 muertos y más de 217,000 viviendas afectadas

Menos de dos meses después, el 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió el occidente colombiano, con epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó.

El movimiento se produjo a una profundidad aproximada de 103 kilómetros y fue percibido en 16 departamentos.

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Infografía

Maquinaria pesada remueve escombros de un edificio destruido por el terremoto en Quibdó, Chocó (Colombia) (EFE)

Las consecuencias se extendieron a numerosas ciudades, entre ellas Cali, Pereira y Manizales, donde se registraron colapsos de edificaciones, daños en viviendas y afectaciones a carreteras, hospitales y centros educativos.

El 28 de agosto, el PNUD informó que, según los balances oficiales disponibles hasta el día anterior, el desastre había provocado 331 muertos, 4,449 heridos y 143 desaparecidos.

También se contabilizaron más de 406,000 personas afectadas, pertenecientes a unas 193,000 familias.

La evaluación identificó daños en aproximadamente 225,000 estructuras, incluidas más de 217,000 viviendas.

Las pérdidas estructurales fueron estimadas en 13,200 millones de dólares, acompañadas por la generación de unos 16.9 millones de metros cúbicos de escombros.

Un balance previo, publicado el 21 de agosto por la agencia EFE con datos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, había documentado 31,445 viviendas destruidas, otras 163,884 dañadas y 467 edificios colapsados.

Chile: un terremoto de 6.9 que dejó daños, pero no víctimas mortales

El 25 de mayo, un terremoto de magnitud 6.9 sacudió el norte de Chile, con epicentro a 20 kilómetros al noreste de Calama, en la región de Antofagasta, y una profundidad de 114 kilómetros.

El movimiento se percibió en varias regiones del país y también en zonas del sur de Perú.

A diferencia de las catástrofes ocurridas posteriormente en Venezuela y Colombia, las autoridades chilenas no reportaron fallecidos ni heridos en los balances consultados.

Sin embargo, el sismo provocó interrupciones eléctricas, desprendimientos de rocas en carreteras, daños menores en viviendas y problemas en algunos establecimientos educativos.

El balance provincial difundido el 26 de mayo identificó 16 hogares con derrumbes parciales y afectaciones en tres establecimientos escolares.

También se suspendieron temporalmente operaciones mineras como medida preventiva, aunque las principales infraestructuras industriales no sufrieron daños graves.

El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile descartó que el movimiento reuniera las condiciones necesarias para generar un tsunami.

Perú: un terremoto de 7.2 provocó daños en viviendas y deslizamientos

El 20 de agosto, un terremoto de magnitud 7.2, según el Instituto Geofísico del Perú (IGP), sacudió la región de Ayacucho y fue percibido en otras zonas del país, incluida Lima.

El USGS estimó la magnitud en 6.7, una diferencia atribuible a los métodos de medición utilizados por ambos organismos.

El epicentro fue localizado a unos 35 kilómetros al norte de Coracora, en la provincia de Parinacochas, a una profundidad aproximada de 108 kilómetros.

Los reportes de las autoridades locales identificaron viviendas dañadas, deslizamientos de tierra y afectaciones en carreteras. En el distrito de Upahuacho se comunicaron daños en casas de comunidades rurales, mientras que una evaluación preliminar de Defensa Civil señaló afectaciones en 18 centros poblados.

Los primeros balances no registraron muertos ni heridos y tampoco establecieron una cifra definitiva de viviendas afectadas.

La profundidad del terremoto contribuyó a que fuera percibido en varias regiones sin causar el nivel de destrucción observado en otros movimientos de magnitud semejante.

El presidente ejecutivo del IGP, Hernando Tavera, explicó que la energía sísmica puede propagarse a grandes distancias cuando el foco se encuentra a profundidades intermedias, pero eso no implica necesariamente sacudidas destructivas en la superficie.

México: dos muertos y afectaciones en 24 municipios

El 2 de enero, un terremoto de magnitud 6.5 sacudió el estado mexicano de Guerrero, con epicentro a cuatro kilómetros al suroeste de San Marcos.

El movimiento fue percibido en buena parte del sur y centro del país, incluida Ciudad de México, donde se activaron las alertas sísmicas y miles de personas abandonaron edificios.

Las autoridades mexicanas confirmaron dos fallecidos: una mujer de 49 años en San Marcos y otra persona en Ciudad de México. También se reportaron lesionados, entre ellos 12 en la capital, de acuerdo con los balances de Protección Civil.

El Gobierno mexicano identificó afectaciones en 24 municipios de Guerrero.

Entre los daños se contabilizaron viviendas agrietadas, desprendimientos de tierra, problemas en instalaciones públicas y fallas eléctricas.

Las autoridades estatales informaron que, solamente en San Marcos, 43 viviendas presentaron daños significativos.

El terremoto también provocó desprendimientos menores de rocas en carreteras y obligó a inspeccionar hospitales, escuelas y edificios gubernamentales.

Aunque su magnitud fue inferior a la de los terremotos de Venezuela y Colombia, el movimiento recordó que los sismos relativamente superficiales pueden ocasionar daños importantes cerca de sus epicentros.