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El 88 % de la arena de ocho playas de alta actividad turística en la República Dominicana está compuesto por restos de organismos marinos. Así lo determinó un análisis estructural realizado por el Laboratorio de Nanotecnología del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).

¿Cómo afecta la salud de los arrecifes de coral?

Este hallazgo establece que la existencia física de las costas nacionales y su resistencia a la erosión dependen directamente de la salud de los arrecifes de coral, y no de procesos geológicos de la tierra.

Para fines del estudio, el levantamiento abarcó ocho de las principales zonas costeras del país, específicamente las playas de El Morro, Dorada, El Portillo, Bibijagua, Isla Saona, Guayacanes, Punta Salinas y Bahía de las Águilas.

Mediante una nota de prensa, el Intec informó que la investigación, liderada por el Laboratorio de Nanotecnología de esa academia, bajo la dirección del PhD en Física QuímicaMelvin Arias, indica que la arena de las playas dominicanas es producida continuamente por "fábricas de carbonato", compuestas por esqueletos de corales, algas rojas y moluscos.

Los datos advierten que alteraciones en estos ecosistemas por contaminación, escorrentía terrestre o eventos climáticos extremos paralizarían la producción natural de arena, acelerando la pérdida de territorio costero.

Esta composición biológica de la arena es la que otorga a las playas dominicanas su distintivo color claro y textura fina, cualidades que constituyen el principal atractivo visual y comercial de las zonas hoteleras.

Arias señaló que esta capa costera presenta vulnerabilidad ante prácticas de manejo de residuos, como el enterramiento de sargazo en la playa, lo cual altera la composición química y el pH del suelo.

Resultados y su impacto en la gestión ambiental y turística

A largo plazo, la modificación de la arena, sumada a la degradación de los arrecifes de coral, interrumpe el ciclo de reposición de los sedimentos marinos, lo que compromete tanto la estabilidad geomorfológica de las costas.

Con estos resultados, el país obtiene una línea base mineralógica. Este registro permitiría al Servicio Geológico Nacional y a los gestores ambientales medir el ritmo de la erosión costera, comparando la composición química actual de las playas con futuras extracciones de terreno.

Los resultados del estudio también indicaron que el escrutinio fisicoquímico arrojó resultados determinantes para la calidad ambiental del turismo, confirmando la ausencia total de metales pesados tóxicos (plomo, arsénico, cromo, níquel y cobalto) en las superficies evaluadas.

Asimismo, en la arena de Bahía de las Águilas, compuesta en un 87.8 % por aragonito coralino, se documentó la presencia de diatomeas, un tipo de microalgas sensibles que operan como bioindicadores a corto plazo para medir alteraciones en la calidad del agua. Su presencia califica la playa como un ecosistema libre de contaminación.

El estudio también evidenció cómo las desembocaduras de los ríos alteran drásticamente la composición costera.

Punta Salinas (Peravia) rompe la norma biológica del país: su arena está formada por fragmentos de rocas de origen volcánico (cuarzo y magnetita) arrastradas desde las montañas por los ríos Ocoa, Baní y Nizao. De igual forma, el color rojizo en la arena de El Morro (Monte Cristi) es el resultado directo de la erosión de sus acantilados ricos en hierro.

  • El levantamiento fue publicado en el Journal of Coastal Research y la recolección y análisis de datos estuvo a cargo de los investigadores Melvin Arias Polanco y Yolenny Mabel Cruz Salazar (Intec), junto con especialistas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y las universidades de Calabria y Puerto Rico.

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