Durante dos horas y dos minutos, Rosario Flores cautivó al público con su energía, sus bailes y una voz cargada de sentimiento. En cada interpretación dejó ver la pasión que la ha acompañado a lo largo de su carrera.

La artista, de 62 años, se presentó la noche del sábado en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito con su gira "Universo de Ley Tour", que celebra el legado de "De Ley"(1992), uno de los discos más representativos de su trayectoria.

Una prolongada ovación de pie, una rosa entregada por un admirador, numerosos gritos de "¡olé!" y hasta lágrimas entre los asistentes marcaron una velada en la que Rosario repasó su historia musical ante un aforo lleno.

La antesala del concierto

La noche comenzó a las 8:33 con la presentación del cantautor dominicano Manuel Vásquez, conocido artísticamente como Manerra, quien interpretó parte de su repertorio antes de dar paso a la protagonista.

"Estamos aquí preparando el camino a una artista que ha influenciado no solamente mi vida, sino la de miles de personas en todo el mundo: la gran Rosario Flores", expresó Manerra al despedirse del escenario.

Poco después, una gran pantalla comenzó a proyectar imágenes de distintas etapas de la vida de Rosario y de su familia, el reconocido clan Flores.

A las 8:52 de la noche, la cantante apareció en escena con un vestido rojo y gris y sus características botas, entre los aplausos de los presentes.

"Pero Santo Domingo, por Dios, buenas noches, Santo Domingo", fueron algunas de sus primeras palabras antes de iniciar con "Mi gato y yo", seguida de temas como "De Ley", "Al son del tambor", "Sabor, sabor" y "Yo me niego".

"¡Qué alegría verlos aquí esta noche! Los veo desde allá arriba hasta el último de aquí. Gracias de corazón por estar aquí", expresó.

La intérprete explicó que, más que un espectáculo, la gira representa una celebración de sus 33 años de carrera musical.

"Estábamos de gira por España, pero obviamente tenía que venir aquí, por Dios", manifestó.

Un toque de flamenco

La noche también tuvo espacio para el flamenco. Rosario dejó por unos minutos el escenario en manos de los bailaores José Carmona, conocido como "Rapico", y Juan José Villar, quienes ejecutaron un número de bulerías sobre dos tablas, recreando el ambiente de un tablao español.

La artista regresó vestida de negro para interpretar "Gloria a ti", acompañada de una banda de seis músicos y las voces de Chonchi Heredia y Mayte Pizarro. Su hijo, Pedro Antonio Lazaga, también formó parte del espectáculo a la guitarra.

Con sus característicos movimientos de brazos y rodillas, Rosario recorrió el escenario, jugó con su abundante cabellera rizada y marcó el ritmo con las palmas y los pies, sin perder la energía.

El repertorio continuó con canciones como "La gaviota", "Algo contigo", "Siento", "Mucho por vivir", "Mía, mía" y "Estoy aquí", varias de ellas coreadas por los asistentes.

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Infografía

La artista fue ovacionada por el público. (CEDIDA POR LA PRODUCCIÓN)

Un homenaje a su hermano

Uno de los momentos más emotivos llegó con "¡Qué bonito!", canción dedicada a su hermano Antonio Flores, fallecido el 30 de mayo de 1995, apenas 15 días después de la muerte de su madre, Lola Flores, conocida como "La Faraona".

Mientras en la pantalla se proyectaban fotografías de Antonio, Rosario recordó que escribió el tema durante una de las etapas más difíciles de su vida.

"Para que veas que la vida te quita, pero también te da. Jamás me sentí sola. Qué bonito, Santo Domingo, sentirlos aquí", expresó.

Visiblemente emocionada, hizo una pausa antes de comenzar a cantar. Desde las primeras estrofas, los asistentes la acompañaron al unísono.

Al terminar, el teatro se puso de pie para dedicarle una prolongada ovación.

La pequeña del clan "Flores" recibió los aplausos de un público que, más de tres décadas después, continúa acompañando su música.

La velada siguió con "Déjame ver" y "Cómo quieres que te quiera".

Durante esta última parte del repertorio, un admirador se acercó para entregarle una rosa.

La cantante aceptó el gesto y se tomó una fotografía con él, entre risas y aplausos.

Tras una breve salida para cambiarse de vestuario, regresó con un vestido negro y gris de brillos y escote en la espalda.

Los movimientos de cadera, las palmas y los gritos de "¡olé!" volvieron a llenar la sala con canciones como "La casa en el aire", "Escucha, primo" y "Muchas flores".

Mensajes de amor y paz

Otro de los momentos especiales llegó con "Te quiero, te quiero". Desde los primeros versos, las parejas se abrazaron y algunos asistentes no pudieron contener las lágrimas mientras acompañaban la interpretación.

El ambiente cambió nuevamente cuando Rosario presentó "No dudaría", composición de su hermano Antonio Flores, con la que hizo un llamado a rechazar la violencia y las guerras.

"Estamos viviendo una época muy difícil. Muchos niños pasando hambre, muchas guerras. No sé qué es lo que está pasando con el mundo", reflexionó.

La española recordó que su hermano defendía la paz y el amor a través de sus canciones y consideró que el mensaje de esta composición mantiene su vigencia.

Aunque parecía el final del espectáculo, los asistentes permanecieron en sus asientos y comenzaron a pedir "¡otra, otra!", hasta que Rosario regresó al escenario.

Con "Meneíto", la cantante puso nuevamente de pie al teatro. Entre bailes, palmas y aplausos, el público la acompañó en los últimos minutos de la presentación.

"Muchas gracias por hacer mi sueño realidad de ser artista. Volveré pronto", expresó antes de despedirse.

Junto a sus músicos, Rosario hizo una reverencia ante los asistentes, que continuaban aplaudiendo después de más de dos horas de concierto.