Redacción Internacional.- Reducir el consumo de azúcar durante el embarazo y los primeros dos años de vida podría favorecer una mejor salud y disminuir el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez, según una investigación realizada con datos de más de 63,000 personas en el Reino Unido.
El estudio, encabezado por Jiazhen Zheng, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, encontró que quienes estuvieron expuestos a una alimentación con menos azúcar durante sus primeros 1,000 días de vida presentaron, décadas después, indicadores celulares asociados con un envejecimiento biológico más lento.
Los investigadores analizaron información del Biobanco del Reino Unido, aprovechando las restricciones al consumo de azúcar establecidas durante el período de racionamiento posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Durante ese período, que se extendió hasta 1953, los británicos tenían acceso a una cantidad limitada de azúcar, cercana a los 40 gramos diarios por persona. Tras eliminarse las restricciones, el consumo promedio se duplicó hasta alcanzar aproximadamente 80 gramos al día.
Esta diferencia permitió comparar a 40,000 adultos que vivieron parte o la totalidad de sus primeros 1,000 días bajo el racionamiento con otros 23,000 que nacieron después de su finalización.
Menor riesgo de enfermedades crónicas
Según los resultados difundidos por New Scientist, las personas expuestas a una menor disponibilidad de azúcar durante el embarazo y la primera infancia mostraron una mayor probabilidad de supervivencia décadas después.

También presentaron indicadores compatibles con una menor edad biológica del corazón, los pulmones y el hígado, en comparación con quienes estuvieron expuestos a una mayor disponibilidad de azúcar desde sus primeros años.
El análisis identificó una menor frecuencia de enfermedades como diabetes tipo 2, cáncer, enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares.
Asimismo, se observaron asociaciones con una menor incidencia de demencia, cataratas, artritis reumatoide, enfermedad renal crónica, insuficiencia hepática y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Los investigadores encontraron que, mientras mayor era el tiempo transcurrido bajo las restricciones de azúcar durante los primeros 1,000 días de vida, más favorables tendían a ser los indicadores de salud observados.
Sin embargo, los especialistas aclararon que los resultados no demuestran una relación directa de causa y efecto, debido a que también pudieron influir otros factores, como las condiciones de vida y los hábitos alimentarios de las familias.
Los hábitos alimentarios comienzan desde la infancia
La investigación también encontró que las personas nacidas durante el racionamiento tendían a consumir menos azúcar en su vida adulta, lo que sugiere que las preferencias alimentarias pueden comenzar a desarrollarse desde edades tempranas.
Los primeros 1,000 días de vida, que comprenden desde la concepción hasta el segundo cumpleaños, constituyen una etapa fundamental para el desarrollo del cerebro, el metabolismo y el sistema inmunológico.
Durante ese período, la alimentación depende principalmente de las decisiones de los padres y cuidadores.

Las recomendaciones europeas indican que los menores de dos años deberían consumir menos de 15 gramos diarios de azúcares libres, categoría que incluye el azúcar añadido a los alimentos y el presente en miel, jarabes y jugos de frutas.
No obstante, diversos productos comercializados para bebés y niños pequeños, como yogures saborizados, galletas, barras de cereales y purés procesados, pueden contener cantidades importantes de estos azúcares.
Los especialistas advierten que algunos alimentos presentados como saludables pueden acercarse al límite recomendado en una sola porción.
Recomiendan revisar las etiquetas de los alimentos infantiles

Ante estos hallazgos, los investigadores destacan la importancia de limitar el consumo excesivo de azúcares añadidos durante el embarazo y la primera infancia, sin convertir la alimentación en una práctica de prohibiciones estrictas.
Entre las recomendaciones generales figuran priorizar alimentos frescos, revisar las etiquetas nutricionales y reducir la frecuencia con que se ofrecen productos azucarados a los niños.
También se plantea evitar el uso habitual de golosinas como recompensa en actividades escolares, deportivas o médicas, debido a que estas prácticas pueden reforzar la preferencia por los alimentos dulces.
Aunque la investigación no establece que eliminar el azúcar garantice una vida más larga, sus resultados aportan evidencia sobre la posible relación entre la alimentación en los primeros años de vida, el envejecimiento y la salud a largo plazo.







