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viernes, octubre 2, 2026
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Engaño | Viajaron a Rusia por trabajo y temen ser enviados a la guerra

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Cada domingo, algunas familias dominicanas esperan con el corazón encogido una llamada desde Rusia. Del otro lado del teléfono están sus hijos, hermanos, esposos, padres y amigos, quienes viajaron con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida.

Pero aquella promesa de trabajo se convirtió, según denuncian sus familiares, en una pesadilla. Ahora permanecen en distintos centros de entrenamiento militar en Rusia, mientras crece el temor de que sean enviados al frente de batalla y no regresen a casa.

Son alrededor de 150 dominicanos que habrían llegado entre julio y septiembre atraídos por promesas de contratos como mecánicos, soldadores, conductores y otros oficios técnicos, pero que, tras pisar territorio ruso, aseguran sus allegados, perdieron sus documentos y teléfonos y quedaron atrapados en una realidad que nunca imaginaron.

En esas breves llamadas, las voces llegan entrecortadas, el miedo se escucha en cada palabra y el tiempo termina antes de que puedan contar todo lo que están viviendo.

Candy Erazo, hermana de Juan Carlos de la Cruz, de 42 años, relató que su familiar salió del país el 28 de junio y que posteriormente comenzó a comunicarse con la familia de manera esporádica. Según dijo, Juan Carlos padece problemas de visión y de los riñones y le ha pedido que gestione ayuda porque teme ser enviado al frente.

Otro caso es el de Ana Brioso, madre de Juan Ramón Sánchez, de 39 años, contó que acompañó a su hijo al aeropuerto cuando viajó el 19 de agosto con la expectativa de trabajar como mecánico. Dijo que posteriormente este le comunicó que en Rusia lo estaban preparando para la guerra y que le habían retirado sus documentos, a pesar de tener una infección por Helicobacter pylori y los pies hinchados.

Otra familiar, quien acompañó a su sobrino al aeropuerto, explicó que el joven viajó bajo una oferta para trabajar como mecánico y que las publicaciones mediante las cuales fue captado no hacían referencia a actividades militares. Según su relato, después de llegar a Rusia el joven le comunicó que la situación era diferente y que lo estaban preparando para ser enviado al frente.

Xiomara Montero, de Haina, narró una situación similar con su esposo, Deyvi Rodríguez, de 26 años, quien viajó el 19 de agosto bajo un contrato como maestro conductor. Según explicó, Deyvi fue trasladado a un lugar de entrenamiento, le retiraron el teléfono y actualmente los familiares solo pueden comunicarse con los afectados los domingos durante unos 20 minutos.

Montero expresó especial preocupación porque su esposo es diabético y padece de hígado graso y problemas renales.

Otros familiares aseguraron que durante esas breves llamadas los afectados les piden que busquen ayuda y manifiestan su deseo de regresar al país.

Las familias quienes tienen desde el mes de agosto clamando justicia, se reunieron ayer frente a la Embajada de Rusia con la esperanza de obtener respuestas sobre el paradero y la situación de sus seres queridos, sin embargo, los diplomáticos rusos no se encontraban en el lugar.

Aún así, los familiares aprovecharon el encuentro para contar sus historias, compartir el temor que los embarga y reclamar acciones que permitan el regreso de sus parientes al país.

Entre lágrimas, abrazos y oraciones, elevaron sus plegarias a Dios, aferrados a la esperanza de volver a ver con vida y en casa a sus seres queridos.

Nadie creía lo que ocurre

Como una historia de película, algunos dominicanos no creían lo ocurrido, hasta que Juan Carlos Ávila Espaillat publicó videos en Instagram portando uniforme militar ruso y armamento en el frente de batalla. Poco después, se difundieron grabaciones de él gravemente herido en un hospital tras un ataque con drones y minas.

Carlos Sánchez, coordinador del Comité Dominicano de los Derechos Humanos en el sur, explicó que al no haber denuncias masivas formales muchos consideraban los reportes como rumores, pero ya han sido expuestos por las redes sociales, así como casos de personas viajaron por voluntad propia para trabajar, pero la cruda realidad ha sido otra distinta.