SANTO DOMINGO.– República Dominicana dispone de una estructura institucional y de un Plan Nacional de Contingencia para enfrentar terremotos, además de organismos especializados en prevención, rescate y atención de emergencias. Sin embargo, afirmar que el país está plenamente preparado para enfrentar un terremoto de gran magnitud sería excesivo.
La capacidad de respuesta existe y se ha fortalecido durante los últimos años, pero un evento sísmico extremo podría superar simultáneamente las capacidades ordinarias del Estado y someter a una prueba sin precedentes a los principales servicios esenciales.
El escenario que preocupa a especialistas en gestión de riesgos no es únicamente el colapso de algunas edificaciones. Un terremoto de gran magnitud podría generar, al mismo tiempo, edificios afectados, personas atrapadas, incendios, interrupción de carreteras, daños en puentes, suspensión del servicio eléctrico y de agua potable, interrupciones de las telecomunicaciones y una demanda masiva de atención hospitalaria.
Un sistema que debe responder simultáneamente
El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) tiene la responsabilidad de coordinar la respuesta interinstitucional ante este tipo de acontecimientos.
En ese sistema participan la Defensa Civil, la Comisión Nacional de Emergencias, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, el Ministerio de Salud Pública, los cuerpos de bomberos, la Cruz Roja y otras instituciones públicas y privadas vinculadas a la gestión de emergencias.
Precisamente, en junio de 2026, el COE inició una asistencia técnica orientada a fortalecer la estrategia nacional de rescate técnico y las capacidades de los equipos de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR), una iniciativa que cobra especial importancia ante la posibilidad de emergencias de gran magnitud.
La necesidad de continuar actualizando los planes de gestión de riesgos y los procedimientos de respuesta también ha sido reconocida por la Comisión Nacional de Emergencias.
El verdadero desafío
La interrogante fundamental no es solamente si el COE, la Defensa Civil y las demás instituciones disponen de equipos y personal capacitado.
La pregunta de fondo es mucho más compleja:
¿Puede República Dominicana mantener funcionando simultáneamente sus servicios esenciales mientras miles de personas requieren rescate, atención médica y asistencia?
Un terremoto severo podría producir cientos de emergencias en distintos puntos del territorio nacional al mismo tiempo.
Hospitales saturados, carreteras bloqueadas, puentes afectados, interrupciones eléctricas, falta de agua, fallas en las comunicaciones y edificios colapsados representarían un desafío logístico de enormes proporciones.
Por ello, la preparación no puede limitarse a disponer de equipos de emergencia. También implica garantizar que los hospitales puedan continuar operando, que existan rutas alternativas de comunicación, que los servicios básicos puedan ser restablecidos rápidamente y que haya suficientes equipos especializados para localizar y rescatar personas atrapadas.
La población también tiene una responsabilidad
La preparación ante un terremoto comienza mucho antes de que ocurra el movimiento de tierra.
Las autoridades de protección civil recomiendan que cada familia elabore un plan de emergencia, identifique los lugares más seguros dentro de la vivienda, conozca las rutas de evacuación y establezca un punto de encuentro.
También es aconsejable sujetar adecuadamente estanterías, televisores, espejos, cuadros y otros objetos que puedan caer durante un movimiento sísmico.
Una mochila de emergencia debería incluir agua, alimentos no perecederos, medicamentos esenciales, un botiquín, linterna, radio, baterías y otros artículos indispensables. Un silbato puede ser particularmente útil para facilitar la localización de personas atrapadas.
Aprender primeros auxilios y participar en simulacros de evacuación son otras medidas que pueden marcar la diferencia.
Agáchate, cúbrete y agárrate
Durante un terremoto, la recomendación fundamental es agacharse, cubrirse y agarrarse.
Si la persona se encuentra dentro de una edificación, debe evitar correr hacia las escaleras mientras ocurre el movimiento y nunca utilizar ascensores. También debe alejarse de ventanas y objetos que puedan caer y buscar protección debajo de una mesa resistente o junto a una estructura segura.
Quienes estén en la calle deben alejarse de edificios, postes, cables eléctricos, árboles y otras estructuras que puedan colapsar, procurando permanecer en espacios abiertos.
Si se encuentra conduciendo, lo recomendable es detener el vehículo en un lugar seguro, lejos de puentes, postes, edificios y cables eléctricos, y permanecer dentro del automóvil hasta que termine el movimiento.
Después del terremoto comienza otra emergencia
La finalización del movimiento principal no significa que haya terminado el peligro.
Las réplicas pueden provocar nuevos derrumbes y agravar daños existentes. Por ello, es fundamental revisar a las personas heridas y proporcionar primeros auxilios únicamente cuando hacerlo sea seguro.
Ante un posible escape de gas, se debe abandonar el lugar y evitar encender fósforos, interruptores o aparatos eléctricos.
Tampoco se debe ingresar nuevamente a edificaciones que presenten daños estructurales ni acercarse a cables eléctricos caídos.
Las autoridades recomiendan utilizar el teléfono solamente para situaciones de emergencia, con el propósito de evitar la saturación de las redes, y mantenerse atento a las informaciones oficiales del COE y la Defensa Civil.
En una situación de desastre, además, la difusión de rumores puede complicar todavía más las labores de rescate. La población debe evitar compartir información no confirmada.
Si una persona queda atrapada, debe conservar la calma, protegerse la boca y la nariz del polvo y utilizar un silbato o golpear periódicamente una estructura para llamar la atención de los equipos de rescate.
Seis áreas que el Estado debe someter a prueba
Ante la posibilidad de un terremoto de gran magnitud, existen al menos seis áreas que deberían ser evaluadas y sometidas permanentemente a ejercicios de preparación.
1. Hospitales.
Determinar cuáles centros podrían continuar operando durante una emergencia masiva y cuáles disponen de plantas eléctricas, agua, medicamentos, personal y capacidad para recibir simultáneamente a un elevado número de pacientes.
2. Edificaciones públicas.
Escuelas, hospitales, destacamentos policiales, estaciones de bomberos y edificios gubernamentales deberían ser evaluados estructuralmente y contar con planes específicos de actuación.
3. Rescate urbano.
El país necesita continuar ampliando sus capacidades especializadas, incluyendo equipos, perros de búsqueda, maquinaria pesada y personal entrenado para trabajar en estructuras colapsadas.
4. Comunicaciones.
Es indispensable disponer de sistemas alternativos para mantener la coordinación de las autoridades cuando fallen las redes telefónicas o internet.
5. Agua y electricidad.
Los organismos responsables deben disponer de protocolos que permitan restablecer rápidamente estos servicios esenciales.
6. Simulacros reales.
Los ejercicios no deberían limitarse a evacuar edificios. También deben simular escenarios con cientos o miles de víctimas, estructuras colapsadas, hospitales saturados, carreteras bloqueadas y pérdida de las comunicaciones.
La Defensa Civil ha desarrollado simulacros nacionales y ejercicios con instituciones públicas y privadas destinados a evaluar protocolos, evacuación y capacidad de respuesta.
Prepararse antes de que ocurra
República Dominicana tiene instituciones, planes y personal capacitado para responder ante terremotos. El país, además, ha venido fortaleciendo sus mecanismos de prevención, coordinación y rescate.
Pero la verdadera preparación se mide cuando las capacidades normales son llevadas al límite.
Un terremoto catastrófico no respetaría fronteras institucionales ni esperaría que una emergencia termine para producir otra. Podría afectar simultáneamente hospitales, carreteras, puentes, escuelas, viviendas, servicios eléctricos, sistemas de agua y redes de comunicación.
Por eso, el gran desafío nacional no consiste únicamente en estar preparados para responder a un terremoto.
Consiste en estar preparados para responder al peor terremoto posible.
La prevención, los simulacros, la evaluación de las edificaciones, el fortalecimiento del rescate urbano y la preparación de las familias deben realizarse antes de que ocurra el desastre.
Porque cuando la tierra comience a temblar, ya será demasiado tarde para comenzar a prepararse.








